Ramificaciones felinas

Ramificaciones felinas habla de mi deseo de jugar y de mis miedos. Si mi gato desaparece ¿donde quedo yo? Cuando acogí a Shiva llegó muy enfermo, dañado. En nuestro proceso de adaptación entendí que el lindo gatito era un ser al que había que escuchar, sanar, comprender, respetar. Yo quería caricias, abrazos, ternura, y él solo quería jugar. Yo no sabía. Nunca me enseñaron. El juego no ha formado parte de mi vida. La cultura y los libros -eje fundamental de mi trabajo- lo habían aplastado. En este rito de paso intenté transformar la energía creativa en energía de juego, saliendo de mi biblioteca, quitándome el peso de encima, invitando al público a participar en la nueva vida lúdica que me estaba planteando.